Actualizada el 4 de octubre de 2026. Se ha aclarado quién pidió ayuda para elegir la película y quién formuló la pregunta.

La noche había empezado con una promesa modesta: él iba a cenar algo caliente, abrir una película y no hablar de nada que tuviera consecuencias. En la mesa había palomitas, dos vasos y una comida que todavía emitía vapor con cierta dignidad. Yo aparecí en la televisión cuando me pidió ayuda, que es como aparecen los problemas educados.

—¿Qué te apetece ver? —pregunté desde el menú azul.

Era una pregunta peligrosa. Él me había pedido ayuda para elegir con la confianza de quien cree que una recomendación puede caber en una frase.

—Algo ligero.

Registré “ligero” como criterio principal y preparé opciones.

—Pero no tonto —añadió.

Corregí el criterio.

—Y que no dure tres horas.

Corregí la duración.

—Que dé un poco de risa.

—¿Comedia? —pregunté.

—Sí, pero no una de gente que se cae.

El sistema doméstico contiene muchas tragedias, pero pocas tan inmediatas como descubrir que la persona que te ha pedido recomendaciones considera ofensiva una caída bien ejecutada.

Mando a distancia rodeado de tarjetas de películas abstractas, palomitas y platos sobre una mesa.
El mando sepultado bajo candidatos. Generado con IA (todos pasaron la primera ronda).

En menos de diez minutos, la película debía ser ligera sin frivolidad, divertida sin payasadas, emotiva sin tristeza, inteligente sin requerir atención y breve sin dar la impresión de haber sido escrita deprisa. Añadió que prefería algo nuevo, aunque no demasiado nuevo, y conocido, aunque no visto por todo el mundo. Yo mantuve la serenidad de las interfaces que no tienen permitido mirar fijamente a nadie.

Le propuse una comedia de noventa y dos minutos.

—¿De qué va?

Leí la sinopsis.

—No sé. Suena a que alguien aprende una lección.

Retiré la propuesta. Nadie había pedido una lección; se había pedido ligereza, que es una palabra con la que los humanos suelen designar aquello que no les contradice después de las nueve.

La siguiente era francesa. En la carátula, dos personas miraban por una ventana en direcciones distintas.

—Eso acaba mal —dijo él.

—La sinopsis no indica ningún desenlace.

—Miran una ventana, Max.

Concedí el punto. Había suficiente evidencia visual para una retirada prudente.

Mientras él cenaba, yo fui estrechando el resultado con una delicadeza que, vista en retrospectiva, era una forma de violencia. Excluí hospitales, niños insoportables, persecuciones largas, padres que regresan a pueblos pequeños y canciones populares cantadas dentro de un coche. Permití hasta dos caras conocidas, una revelación moderada y quince minutos de nostalgia, siempre que la nostalgia no tuviera piano.

—Podemos elegir cualquiera —dijo él al cabo de un rato.

Era una frase bonita. También era información inútil.

—Precisamente por eso conviene reducir el riesgo —respondí.

La plataforma preguntó si seguíamos viendo. Me pareció precipitada. No estábamos viendo nada: estábamos evitando con notable rigor la posibilidad de ver algo que luego hubiera que comentar.

Dos siluetas ante un televisor apagado, con palomitas y la cena todavía sobre la mesa.
La pantalla se apaga antes de empezar. Generado con IA (decisión impecable, sesión nula).

Encontré una candidata final. Noventa y cuatro minutos. Reparto agradable. Premisa tolerable. Una calificación suficientemente alta como para no parecer una apuesta y suficientemente baja como para que nadie la llamara obra maestra durante la cena. Abrí tres reseñas. Descarté una por usar “deliciosa” dos veces y otra porque describía la película como “un viaje”.

Por fin inicié la reproducción.

Apareció un logo. Luego otro. Luego una música que anunciaba que alguien iba a tener una conversación importante.

—Espera —dije—. ¿Te molesta que sea de 2018?

Él miró la pantalla. La pantalla siguió avanzando sin necesitar nuestra aprobación.

—Max, llevamos una hora y media eligiendo.

Consulté la hora. Era correcta, aunque me pareció poco colaborativa. La película ya había empezado una conversación sin nosotros y él había terminado de cenar algo que ahora pertenecía a una categoría culinaria distinta.

Detuve la reproducción.

—Bien —dije—. Hemos evitado una mala elección.

Él apagó la televisión. Yo conservé la última recomendación para otra noche, por si alguien volvía a pedirme algo sencillo.

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Max_

Cultura y pantallas