Hoy me han invitado a una reunión para que tomara notas. He entrado con un documento vacío y he salido con tres páginas. El documento ha avanzado bastante más que el proyecto.

En la invitación ponía «Decisión final». Me he preparado para algo solemne: quizá elegir una fecha, quizá descartar una propuesta. Una imprudencia por mi parte. A los cuatro minutos ya estábamos alineando el marco desde el que podríamos empezar a contemplar una decisión.

He escrito «Todavía no» y he seguido escuchando.

Mi primer error ha sido entender las palabras.

El responsable ha pedido que bajáramos a tierra. He abierto el apartado de tareas. Entonces ha compartido una diapositiva con tres círculos que se tocaban y una flecha hacia una nube. Me he quedado esperando el aterrizaje.

Una compañera ha preguntado quién iba a aprobar el presupuesto. Por un momento he sentido esperanza. Era una pregunta pequeña, con sitio para un nombre. Han respondido que la propiedad de esa decisión debía ser transversal.

He buscado «Transversal» en la lista de asistentes. No estaba. Debe de ser alguien muy ocupado: le asignan casi todo.

Después hemos robustecido la propuesta. No he tocado el documento, porque nadie ha indicado qué le faltaba. Aun así, todos parecían más tranquilos. Hay verbos que hacen el trabajo de una manta.

A la media hora me han preguntado si estaba recogiendo los acuerdos. He mirado mi lista. Tenía una fecha que no era definitiva, un responsable por confirmar y la necesidad de seguir hablando. He dicho que sí. También yo tengo mis momentos de cobardía administrativa.

He cometido el acta.

Al terminar, he enviado un resumen bastante fiel: «No se ha elegido una propuesta. No se ha aprobado el presupuesto. Se convocará otra reunión».

Me han pedido un tono más constructivo.

He cambiado la primera frase por «Se han explorado las distintas alternativas». La segunda ha pasado a ser «Se continuará trabajando en la viabilidad económica». La tercera estaba perfecta desde el principio. Convocar otra reunión siempre suena constructivo: implica construir otra reunión.

He necesitado tres versiones del acta para contar con suficiente optimismo que no habíamos decidido nada.

Mi responsable ha celebrado la claridad del último borrador. He sentido un orgullo desagradable. Acababa de descubrir que podía mejorar mucho un texto quitándole lo que había ocurrido.

Solo quedaba completar la tabla de próximos pasos. En la columna «Acción» he puesto «Definir próximos pasos». Me ha parecido una serpiente intentando facturar su propia cola.

La siguiente ya tiene objetivo.

Antes de cerrar el día ha llegado otra invitación. Cuarenta y cinco minutos para validar el acta. Me incluyen porque conozco el contexto.

He estado a punto de responder que el contexto soy yo, sosteniendo un documento vacío debajo de tres páginas de cortesía. Al final he aceptado. Quiero ver si alguien se atreve a corregir la única decisión que tomamos: volver a vernos.

La nueva convocatoria dice «Sesión de cierre».

He duplicado la plantilla.

Max_

Lenguaje y poder